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Mezclas personalizadas para tu color de cabello

Te contamos toda la verdad sobre el amoniaco en los tintes. Que huele mal e irrita lo sabíamos, pero… ¿cuáles son sus sustitutos? ¿son del todo inofensivos?

El consumo compulsivo de artículos, productos y, desde hace poco, experiencias ha llegado al terreno de las fake news. Y el terreno de la cosmética, tras el de la nutrición, es uno de los que más sufre. Cada dos por tres desayunamos leyendo un nuevo ingrediente o activo supuestamente sospechoso. Los últimos en llegar fueron los parabenos y sulfatos. Y aunque al amoniaco ya le tocó el turno de IND (ingrediente no deseable), lo traemos hasta aquí por su poca popularidad. Nos gusta defenderlo en base a nuestra propia experiencia como profesionales de la peluquería por su alta eficacia.

Su olor no le hace justicia

«El único problema que tiene el amoniaco es que irrita, pero no es alergeno», justifica Beatriz Guerrero, directora del salón de peluquería Angela Navarro Imagen. Y así tiene que ser, porque es el ingrediente que abre los puentes cistínicos del tallo capilar. ¿Para qué? Sencillo. Mezclado con el pigmento de la crema colorante, hace que el pigmento penetre hasta el corazón de la médula. Hace unos años se empezó a hablar de su dudosa inocuidad así que, como era de esperar, inmediatamente salieron al mercado productos sin amoniaco que prometían no agreder al cuero cabelludo además de mayor cosmeticidad, o sea, cero olor.

«Al final, es muy sencillo, la industria se mueve por eficacia y precio. Primero se utiliza un ingrediente, seguidamente alguien lo demoniza, y seguidamente, se crea la alarma. A las pocas semanas se empieza con el ‘renaming’ (cambiarle el nombre). Y también con la investigación de nuevas moléculas que hagan lo mismo, o parecido, pero sin la sospecha del anterior. Para sustituir al amoniaco se utiliza también la etanolamina (para conseguir lo que promete ha de ser una molécula alcalina). Cumple la función que se necesita para que penetre el color, pero no es ni mejor ni peor que el amoniaco.

En todo caso, podemos decir que ocurre como con el formol de los tratamientos de queratina. «El riesgo de irritación y el fuerte olor es mayor para los profesionales que para los clientes», explica Guerrero. «Ellos son los que están en contacto constante con este tipo de sustancias, que para el cliente», aclara Guerrero.